Él se recuesta en la silla y, por primera vez desde que entró, deja que el enojo asome sin filtros.
–Después de todo lo que compartimos –dice. – Después de que yo estuve ahí cuando estabas sola, expuesta, confundida… cuando tu marido aparecía en todos los medios por un supuesto amorío con su jefa, ¿igual vas a priorizarlo a él?
La frase cae pesada, como un golpe seco.
Amara siente un nudo cerrarle el estómago, pero se obliga a no retroceder.
–No digas eso –responde, con la voz tensa. – No fue a