Al día siguiente
El atelier despierta antes que el sol. Las luces blancas, frías, se encienden una por una como si el edificio respirara profundamente antes de abrir los ojos. Las máquinas apresuradas comienzan a sonar, el vapor de las planchas se eleva y el olor a tela recién cortada invade el aire. Afuera, la ciudad todavía bosteza, pero aquí todo late, todo corre, todo exige.
Amara está frente al ventanal, brazos cruzados, el ceño fruncido, la silueta recortada por los primeros tonos azul