La casa está en silencio cuando Liam llega esa noche, un silencio denso, cargado, de esos que no tranquilizan sino que anuncian que algo está a punto de romperse, porque no es la calma habitual de una familia dormida sino una quietud artificial, sostenida apenas por la costumbre y por la ausencia deliberada de palabras durante todo el día.
Cierra la puerta con cuidado, no por consideración sino por inercia, deja las llaves sobre el mueble de la entrada y se queda unos segundos inmóvil, respiran