NARRA AMARA
Mientras el día avanza con una normalidad insultante, de esas que parecen burlarse de lo que una lleva por dentro, llego a la empresa como todas las mañanas, con la cartera colgada del hombro, el paso firme por costumbre más que por convicción, y una lista mental de pendientes que intento usar como escudo para no pensar en nada más, como si cumplir con la rutina pudiera mantener a raya todo lo que amenaza con desbordarse.
Saludo a quienes me cruzo en el pasillo, devuelvo sonrisas a