Ares no recordaba con claridad la magnitud de lo ocurrido aquella noche. Solo sabía que había perdido el control. No solo había golpeado a Nicolás, sino también todo lo que encontró a su paso, gritando toda clase de insultos contra ambos. Recién entonces comprendió la magnitud de la traición: habían intentado engañarlo, hacerle creer que el hijo que esperaba su prometida era suyo.
Observó a cada persona en aquella sala con una mezcla de rabia y repulsión. No opuso más resistencia cuando su amig