Ares intentó aferrarse a su autocontrol para no dejarse influenciar por Alicia… pero sabía que ella no mentía. La conocía demasiado bien, y si había algo que caracterizaba a esa mujer era su manera cruel —y casi siempre certera— de decir la verdad.
Eso lo desgastó hasta lo más hondo. Por primera vez en mucho tiempo se sintió perdido, atrapado entre la duda y la razón. Y lo peor de todo era que no sentía rabia ni curiosidad… sino miedo.
Miedo a aquello que podría descubrir sobre Agnes.
No era un