Ares colgó porque no le gustó el silencio de su esposa. Antes de discutir o recordarle el acuerdo que tenían, prefirió terminar la conversación. Pero eso no quería decir que no estuviera enojado. Estaba furioso, realmente enfadado; no podía creer que ella quisiera echarse para atrás. Era algo que siempre temió, y por esa razón no quería volver a Grecia sin estar seguro de que su mujer estuviera embarazada.
Caminaba de un lado a otro, como un león enjaulado. Esta vez no pensaba dejarlo pasar. Si