—¡Nooo!
Ese grito desgarrador retumbó en toda la habitación, y Ares apretó los puños con fuerza. No podía creer que aquello estuviera sucediendo. Ese niño sería el primer paciente que perdería en toda su carrera, y la idea lo golpeó con una impotencia devastadora.
Pero entonces recordó una de las técnicas que le habían enseñado años atrás. Observó a Alicia y, con una simple seña, le pidió silencio. Los padres del niño estaban tan alterados que se abrazaban con desesperación. Ares le indicó al e