Valentina estaba tan feliz que, por primera vez en mucho tiempo, decidió no ir a trabajar. No fue una decisión impulsiva ni irresponsable, fue una elección consciente nacida de la tranquilidad que por fin había llegado a su vida. Durante semanas se había negado a tomar el reposo que el médico le recomendaba, siempre con la misma excusa rondándole la cabeza: el dinero. No podía darse el lujo de descansar cuando cada peso contaba. Pero ahora eso ya no sería un problema, y aceptarlo le provocó una