Para Ares, la situación había sido mucho más fácil de lo que él mismo había anticipado. Durante semanas se había preparado mentalmente para el dolor, para la nostalgia, incluso para la tentación de buscar a Agnes, de explicarse, de pedir algo que ya no tenía sentido pedir. Sin embargo, nada de eso ocurrió. No hubo vacío. No hubo ansiedad. No hubo ese impulso desesperado que tantas veces había confundido con amor.
Por primera vez en mucho tiempo, su alma se sentía en paz.
Estaba tranquilo, y cua