Él la tomó con una sola mano y la sacó de la piscina con una habilidad que dejó sin palabras a su esposa. La colocó justo encima de él, sentándose en el borde, y la rodeó con los brazos, apretándola contra su pecho. Durante unos segundos, ambos se refugiaron en el cuerpo del otro, aferrándose como si desearan que el tiempo se detuviera allí mismo.
Pero Ares quería más. No solo hechos, también palabras.
—Te amo —susurró contra su oído.
Al escucharlo, Agnes no pudo evitar sonreír contra su pecho.