Ares despertó con la extraña sensación de haber dormido poco y, aun así, sentirse más descansado de lo que había estado en meses. No abrió los ojos de inmediato. Permaneció inmóvil, respirando despacio, dejando que el silencio de la habitación lo envolviera como una manta tibia. No había prisa, no había urgencia. Solo un extraño equilibrio que no recordaba haber sentido antes.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Extendió el brazo hacia el otro lado de la cama, por puro reflejo, por memoria