Agnes estaba revisando unos informes cuando la secretaria tocó la puerta.
—Directora… —dijo con cautela—. Esto llegó para usted.
Agnes levantó la vista sin sospechar nada. Extendió la mano mecánicamente, aun con la mente puesta en números, horarios y decisiones administrativas que la mantenían ocupada para no pensar. Pero bastó con ver la carpeta beige, perfectamente ordenada, para que algo en su pecho se tensara de inmediato.
—Gracias —murmuró.
La secretaria dudó un segundo, como si quisiera d