Humberto sonrió, él mejor que nadie sabía que su patrona nuca se quedaba de brazos cruzados, ella mejor que nadie sabía cómo cobrar cada una de los deudas que la gente podría tener con ella.
— ¿Qué quiere que haga, mi señora? Usted solo dígame y yo me encargo de lo demás.
—Quiero que le den la golpiza de su vida, quiero que sepa quién lo hizo y sobre todo, quiera que esté tan cerca de la muerte que piense que será un milagro si es que él vuelve a vivir.
— ¿Quiere que lo matemos, mi