Teniéndose frente a frente, viendo en los ojos de una así como en los de la otra, el fuerte sentimiento que solo podía ser albergado en el corazón de quien no sentía nada y en el corazón de quien tanto daño le habían hecho.
Una sonrisa en el rostro de Salomé mientras en Gertrudis solo un gesto de odio, ella bien sabía que Salomé se estaba burlando de la suerte de la otra.
— ¿En qué puedo ayudarla, señora de la Garza? —Preguntó Salomé caminando por alrededor de la mesa central, como