Vincent.
Odio perder el control.
Ella era la puta reina del tablero.
No había duda. Me quedé sin aliento cuando la vi con el bikini, trataba de pensar con el cerebro, pero la cabeza tomó control. Quería provocarla, era demasiado adictivo verla sonrojada y nerviosa, pero la reina me puso en jaque. Una cosa era verla, tocarla y otra tenerla sobre mí.
Sus manos apoyadas a cada lado de mis hombros, su peso exacto, su respiración desordenada. Yo podía contarle las pecas. Podía sentir cómo temblaba…