Vincent.
El sol se filtraba entre las cortinas gruesas, más molesto que útil. Tenía la boca seca y el cuerpo entumecido. Me senté al borde de la cama, llevé las manos a las sienes y respiré hondo.
No iba a pensar en la noche anterior.
No lo iba a repetir.
No significó nada.
Me di un baño con agua fría. Luego bajé al comedor. Escuché los pasos suaves detrás de mí y el sonido de la taza de porcelana contra el platillo. Un aroma tenue a café recién hecho se esparció por el ambiente. Ella lo puso