Vincent.
El sol se filtraba entre las cortinas gruesas, más molesto que útil. Tenía la boca seca y el cuerpo entumecido. Me senté al borde de la cama, llevé las manos a las sienes y respiré hondo.
No iba a pensar en la noche anterior.
No lo iba a repetir.
No significó nada.
Me di un baño con agua fría. Luego bajé al comedor. Escuché los pasos suaves detrás de mí y el sonido de la taza de porcelana contra el platillo. Un aroma tenue a café recién hecho se esparció por el ambiente. Ella lo puso sobre la mesa, frente a mí.
No la miré.
Todo estaba bajo control.
Como siempre.
…
Estaba en mi despacho, revisando los últimos ajustes al contrato. Todo estaba en orden. Ese mismo día por la tarde, llegaron Simón y Gabriel. Nos encontrábamos revisando algunos documentos cuando un leve y casi imperceptible toque en la puerta llamó mi atención. Me bastó medio segundo para saber quién era.
La puerta se abrió con lentitud, como si pesara toneladas. Y allí estaba ella. Diminuta en el umbral, con los