Él no dijo nada. Caminó hacia la pequeña mesa donde reposaba una botella de whisky a medio llenar. La tomó con fuerza, pero sin parecer exagerado. Todos los movimientos de él eran tan impecables. La miró un segundo, como si el líquido pudiera darle la paciencia que yo le quitaba.
Luego, sin mirarme, giró apenas el rostro e hizo una leve señal con la cabeza. Un gesto simple, seco… pero claro.
Entendí que debía seguirlo.
No pregunté. No quería provocarlo más. Caminé detrás de él, tratando de no