UNA VIEJA AMIGA.
UNA VIEJA AMIGA.
Leandro e Irene yacían en la cama, abrazados con la complicidad de dos almas que se entendían a la perfección. Después de resolver sus diferencias y entregarse nuevamente al amor, se dejaron llevar por los brazos de Morfeo. La habitación estaba impregnada de la calidez de su conexión, y el silencio solo se veía interrumpido por sus suaves respiraciones sincronizadas.
Fue entonces cuando un suave llamado a la puerta se filtró en su sueño compartido. Leandro, somnoliento, abrió