VIVIR MILES DE AÑOS.
VIVIR MILES DE AÑOS.
El silencio parecía de alguna manera imposiblemente demasiado alto a medida que pasaban los segundos. En el espacio a su lado, Juliette yacía con su rostro aplastado en la almohada. Su espalda se levantaba y caía con cada respiración, pero no con la misma intensidad que unos momentos antes. La suave curva de su columna brillaba con el sudor y retenía los restos de su acto amoroso.
Estar dentro de ella, enterrado en todo ese calor húmedo, había sido irresistible y adictivo