¿UNA LUNA CELOSA?
Irene descendió elegantemente las escaleras de la mansión, su vestido de seda ondeando con gracia. Al llegar al vestíbulo, se acercó a una de las sirvientas, una Omega de confianza.
―¿Dónde está Leandro? ― preguntó con una sonrisa.
La sirvienta, nerviosa, respondió.
―El Alfa salió con su invitada, mi señora.
Irene frunció el ceño.
―¿Invitada? ¿Qué invitada?
La Omega titubeó antes de decir.
―La loba que llegó esta mañana, mi señora. La amiga de la infancia del Alfa.
―Lo