CAPÍTULO 127. REGRESO A EL DORADO
Al desocupar sus brazos, se acuclilló a un lado de Adriana y le abrazó para consolar a su mujer, quien soltó el llanto. Ella, necesitaba de sus abrazos y sus besos. Esto era lo único que podía calmarla, ante esta nueva situación tan estresante que estaba viviendo.
—¡Ya, mi amor! —Expresó él, muy preocupado, recordando que en los últimos meses han vivido situaciones estresantes, que ella ha tolerado con valentía, por lo que, no le podía exigir más.
—Tus besos y abrazos me fortalecen —confesó ell