Había pasado casi un año desde la última vez que la vi.
Y sin embargo, bastó escuchar su nombre para que todo volviera con una intensidad que me dejó sin aire. Los días con ella, las risas, las discusiones, los silencios incómodos y hasta la manera en que fruncía el ceño cuando algo no le parecía. Cada segundo con Emily estaba impreso en mí como una herida sin cerrar.
Había buscado por todos los medios saber de ella. Llamadas, contactos, incluso contraté un par de investigadores que no lograron