GABRIEL
La vi avanzar hacia mí a través de la penumbra del palacio. El vestido verde esmeralda se ceñía a sus caderas con una fluidez casi líquida, dejando al descubierto la curva tentadora de su espalda desnuda. Nataly no caminaba como una prisionera derrotada; lo hacía con la frente en alto, los ojos verdes encendidos por un odio majestuoso que me hacía arder la sangre.
Se detuvo a un centímetro de mi pecho. El aroma a rosas de su piel, mezclado con la humedad veneciana, llenó el espacio entr