*NATALY**Gabriele soltó una risa baja, un sonido rudo que me erizó los vellos de la nuca. Se acercó despacio, descalzo, acortando la distancia sin quitarme los ojos de encima.—Me gusta que mantengas esa lengua afilada, Nataly. Va a hacer que romper tu orgullo sea mucho más entretenido.—Puedes quedarte esperando —desafié, dando un paso al frente en lugar de retroceder—. Firmé tu estúpido papel para salvar a mi padre, pero mi cuerpo y mi mente no entraban en el paquete. No me vas a tocar.Gabriele se detuvo a un palmo de mí. El olor a whisky y a su piel me golpeó directo. Extendió una mano y, con una lentitud exasperante, atrapó un mechón de mi pelo húmedo, enroscándolo en su dedo.—El contrato dice que eres mía, ragazza —murmuró, inclinando la cabeza hasta que su aliento rozó mi mejilla—. Todo de ti me pertenece. Y yo siempre cobro mis deudas.Me pegué a él, desafiante, sintiendo el calor de su pecho contra el mío.—Entonces vas a tener que obligarme, Gabriele. Porque por las buenas
Leer más