*NATALY**
Gabriele soltó una risa baja, un sonido rudo que me erizó los vellos de la nuca. Se acercó despacio, descalzo, acortando la distancia sin quitarme los ojos de encima.
—Me gusta que mantengas esa lengua afilada, Nataly. Va a hacer que romper tu orgullo sea mucho más entretenido.
—Puedes quedarte esperando —desafié, dando un paso al frente en lugar de retroceder—. Firmé tu estúpido papel para salvar a mi padre, pero mi cuerpo y mi mente no entraban en el paquete. No me vas a tocar.
Gabr