NATALY
El choque inicial de nuestros cuerpos me dejó sin aliento, suspendida en una nebulosa de pura electricidad carnal.
Gabriel no me daba tregua. Se movía sobre mí con una cadencia calculada, tortuosa y dominante que hacía que el colchón crujiera y que las paredes se esfumaran de mi mente. Mis manos, que segundos antes buscaban empujarlo, terminaron aferradas a sus brazos esculpidos, sintiendo el sudor frío que le cubría la piel mientras él contenía el aliento para no destruirme de un solo g