GABRIEL
La sala de conferencias de la sede naviera olía a tensión y a dinero viejo.
Stefano Castiglione ya estaba sentado a la cabecera de la mesa, pero esta vez no venía solo. A su derecha, además de Bianca, estaba el abogado principal del consorcio bancario de Milán, un viejo zorro que conocía todas las grietas de la ley italiana.
Entré a la estancia con la mano firmemente apoyada en la curva de la espalda de Nataly. Llevaba un traje sastre color carmín que le moldeaba la figura como una segu