Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 79: La primera visita.
Capítulo 79: La primera visita.

En el Monasterio de Valdai, después de cuatro semanas de la llegada de Viktor. El invierno ruso es implacable: nieve hasta las rodillas, viento que corta la piel, silencio roto solo por las campanas y las oraciones.

Viktor ha cambiado.

Barba más larga, pelo crecido casi esponjado, manos callosas de trabajo manual, sus ojos más profundos, una mirada más tranquila.

El orgullo se ha roto en pedazos con cada hachazo a la leña, cada hora de rodillas en la iglesia fría.

Madruga a las 4 a.m., toca la campana con fuerza, como si cada tañido fuera un “lo siento” para Sofía. Limpia, reza, lee la Biblia hasta que las palabras se le graban en el alma.

El padre superior lo nota, como siempre lo anda vigilando, pendiente de que Viktor no se pierda, pero de que también ve que su progreso ha avanzado tal como quería que fuese.

—Has bajado la cabeza, hijo. Ahora levántala y limpia.

Viktor sonríe por primera vez en semanas.

—Por ella, padre. Todo por ella.

Un sábado al mediodía, el monje portero toca la puerta de su celda.

—Visita, hermano Viktor.

El corazón le da un vuelco, rápidamente sale al jardín nevado, hábito negro cubierto de escarcha.

Y ahí están.

Sofía, envuelta en abrigo negro largo, botas altas, el pelo suelto bajo un gorro de lana.

En brazos, Alexei abrigado como un osito, los ojitos grises brillando al ver a su padre.

Viktor se detiene a unos metros, como si no se atreviera a acercarse.

Sofía lo mira, más delgado, barba, ojos limpios… pero el mismo hombre que ama y que la rompió, sin embargo, no pudo evitar sentir un dolor en el corazón, al verlo tan... desecho, el hombre que alguna vez fue el imponente rey de la mafia, parezca como Cristo casi esclavizado.

—Hola, Viktor.— Su voz tembló más de lo que debía, pero aguantó la firmeza.

Él traga saliva, voz ronca de no usarla.

—Hola… reina.

Alexei lo reconoce, extiende los bracitos.

—¡Pa-pá!

Viktor se acerca despacio, se arrodilla en la nieve y abre los brazos.

Sofía le pasa al niño.

Viktor lo abraza fuerte, lo besa en la carita fría, lágrimas cayéndole sin vergüenza.

—Malysh… mi príncipe… cuánto te extrañé.

Alexei ríe, le agarra la barba.

Sofía los mira a ambos en el intercambio, los ojos se le humedecen y traga con fuerza el nudo que se estaba apuntó de formar en la garganta, y mantiene la voz firme.

—Un mes, ¿eh?... ¿Cómo estás?

Él se levanta con el niño en brazos, la mira fijamente recordando cada detalle de su forma y figura que tanto ha amado.

—Roto y reconstruyéndome. Cada día rezo por ti. Por él. Por nosotros.

Ella suspira temblorosamente, y se acerca dando un paso hacia él.

—Te noto diferente. Más… tranquilo.

—Porque lo estoy. El silencio me obligó a escucharme. Y lo que oí… era un idiota que casi pierde lo mejor de su vida.

Se arrodilla otra vez en la nieve, con Alexei en brazos.

—Perdóname, Sofía. No pasó nada más que esa estupidez. Pero fui débil. Y pagaré los tres meses. Todos los que hagan falta.

Ella se agacha frente a él, y le toma la cara con ambas manos enguantadas.

—No llores más. Alexei te necesita fuerte.

Y por un instante, ese dolor acumulado, no se soporta en el momento, y ella se inclina anhelando y dándole y débil y tembloroso beso en los labios de Viktor, un pequeño beso tímido y lleno de dolor.

Solo labios, nada más obviamente, eran las reglas del monasterio, pero suficiente para que Viktor tiemble entero.

—Te amo— susurra él contra su boca.

—Y yo a ti, idiota. Pero paga completo, y yo... te esperaré.

Se quedan en el jardín una hora, Alexei jugando en la nieve con su padre, Sofía mirando, el corazón un poquito menos roto. Cuando se van, Viktor los abraza fuerte en la puerta.

—El próximo mes… estaré más limpio.

Sofía le besa la mejilla barbuda y rasposa.

—Y yo te esperaré. Pero no me falles otra vez, porque pronto se notará más la barriga del hermanito de Alexei, y sí quiero casarme.

Viktor asiente con comprensión, lo sabe y abraza acariciando su vientre algo notorio, y le prometió cerca de su oído, que hará todo lo posible para cumplir con esta promesa, luego se separan y Sofía entra al auto. El coche se aleja.

Viktor se queda en la nieve, mirando hasta que desaparecen.

Luego vuelve a la iglesia, se arrodilla y reza con más fuerza que nunca. La primera visita le dio esperanza. Ahora tiene dos meses más para merecerla.

El jardín del monasterio está cubierto de una nieve virgen que cruje bajo las botas de Sofía.

El aire es tan frío que cada respiración sale en nubes blancas, pero ella no lo siente: solo siente los ojos de Viktor clavados en ella, hambrientos, arrepentidos, enamorados.

Alexei, en sus brazos, no para de estirar las manitas hacia su padre.

—¡Pa-pá! ¡Pa-pá!

Viktor se arrodilla en la nieve sin dudar, el hábito negro empapándose en las rodillas, y abre los brazos. Sofía se agacha despacio, le pasa al niño.

El momento en que Viktor lo abraza y es sagrado.

Lo pega a su pecho, lo besa en la frente, en las mejillas, en la naricita fría, oliendo su olor a bebé que tanto extrañó. Lágrimas calientes caen sobre la cabecita de Alexei, que ríe ajeno al drama, agarrando la barba larga de su padre como si fuera un juguete nuevo.

—Mi príncipe… cuánto creciste… cuánto te extrañé, malysh…

La voz de Viktor se quiebra, ronca de emoción y de no usarla casi en un mes.

Sofía se queda de pie, mirándolos, el corazón apretado. Ve al hombre que ama cambiado: más delgado, barba salvaje, manos callosas visibles bajo las mangas del hábito, ojos que ya no tienen esa arrogancia de rey mafioso, sino una humildad que la desarma.

Se acerca un paso, se arrodilla también en la nieve al lado de ellos.

—Te veo… diferente.

Él levanta la vista, Alexei todavía pegado a su cuello.

—Porque lo estoy, reina. El silencio me obligó a mirarme de verdad. Y lo que vi… me dio asco. Pero también esperanza. Porque por ti, por él… puedo ser mejor.

Sofía le acaricia la mejilla barbuda con la mano enguantada.

—Un mes. Solo un mes y ya hablas como un monje.

Él sonríe débilmente, con los ojos húmedos por las lágrimas.

—Hablar poco ayuda a pensar mucho. Y todo lo que pienso… es en ti. En cómo te fallé. En cómo volver a merecerte.

Alexei se remueve, quiere bajar a la nieve. Viktor lo deja con cuidado, lo sostiene mientras el niño da pasitos torpes sobre la capa blanca, riendo cada vez que se hunde un poco.

Sofía y Viktor se quedan arrodillados, uno al lado del otro, mirando al niño jugar. El silencio entre ellos es denso, lleno de todo lo no dicho.

Hasta que Viktor habla bajito.

—No pasó nada más, Sofía. Te lo juro por él. Solo ese momento estúpido de debilidad. Pero fue suficiente para rompernos.

Ella suspira, le coge la mano callosa.

—Lo sé. Dimitri me contó todo. La foto, el contexto… sé que no llegaste más lejos. Pero el daño ya estaba hecho, la duda, El miedo a que volvieras a ser el Viktor de antes.

Él aprieta su mano.

—El Viktor de antes murió en esa puerta que cerraste. Y está enterrado aquí, en esta nieve. El que va a volver… es uno nuevo.

Sofía lo mira, los ojos brillando.

—Pruébamelo en dos meses más.

Se inclinan al mismo tiempo, se besan lentamente, suave y reverente, labios fríos al principio pero calentándose rápido. Un beso casto por las reglas, pero cargado de todo el deseo contenido de un mes sin tocarse.

Todo el cuerpo de Viktor tiembla por completo, las manos queriendo abrazarla pero debía contenerse, para cumplir los tres meses.

Cuando se separan, sus respiraciones estaban agitadas en nubes blancas, con el corazón acelerado al unísono.

—Te amo— susurra él.

—Y yo a ti— responde ella, voz temblorosa. —Pero paga completo.

Se quedan así una hora, Alexei jugando, ellos hablando bajito de cosas pequeñas, cómo gatea el niño, cómo duerme, cómo Sofía maneja el imperio sola pero fuerte.

Cuando el monje portero toca la campana de aviso fin de visita, Sofía coge a Alexei. Viktor los abraza fuerte a los dos, besa al niño como mil veces, luego le da a ella en la frente.

—El próximo mes… estaré más fuerte.

Ella le besa la mejilla barbuda.

—Y yo te traeré más razones para serlo.

Entran al auto y se van, pero al menos llenos de esperanzas.

Viktor se queda en la puerta del monasterio, mirando el coche desaparecer por el camino nevado, Alexei agitando la manita desde la ventana trasera.

Luego vuelve a la iglesia, se arrodilla delante del icono y reza con una fuerza nueva. La primera visita le dio alas. Ahora vuela más alto para volver a casa.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP