MARCO
Cassandra. Ese era su nombre.
La primera humana que se atrevió a desafiarme.
La primera en lanzarme indirectas y burlas.
La primera en insultarme.
Y, aun así, se lo permití. Se suponía que debía enjaularla, azotarla, mostrarle por qué me llamaban «el despiadado», pero no lo hice.
Al contrario, lo disfruté. Su desafío me resultó interesante, y su capacidad de luchar incluso estando indefensa me pareció... inspiradora.
Pero ahora... verla derrumbarse fue un golpe inesperado. Había mantenido