MARCO
Salí disparado de mi habitación, con la lujuria pura y la rabia hirviéndome por dentro.
Mi polla seguía dura como una piedra y doliéndome, a pesar de haberme encargado del asunto yo mismo poco antes. Cassandra seguía arriba, desmayada tras aquel fiasco, y aun así no podía sacármela de la cabeza. Recordarla desnuda y suplicando hacía que mi sangre ardiera. Necesitaba alivio, y rápido, o perdería la puta cabeza.
Mariam era la única solución que se me ocurrió. Con un gruñido, golpeé el inte