**MARCO**
La cegadora luz del sol dándome en la cara era tan insoportable que me incorporé al instante. —¡¿Quién carajo abrió las cortinas?! —rugí, listo para arremeter contra quien fuera, pero al ver de quién se trataba, un suspiro escapó de mis labios.
—Nuestro Don durmiente por fin ha despertado —se burló.
—Vete a la m****a, Dante —dije, volviéndome a echar en la cama—. Necesito dormir y no quiero que nadie me moleste, así que cierra las putas cortinas y lárgate.
Cerré los ojos pensando que