CASSANDRA
—¿Te has vuelto loco? —pregunté, elevando la voz—. ¿Qué demonios es esa pregunta?
Él se rio… despacio al principio, luego con una carcajada sonora, lo cual me irritó profundamente. —¿Qué es tan gracioso, Marco? —pregunté, con la ira hirviendo en mis venas—. ¡Llevo a tu hijo en el vientre!
—¿Mi hijo? —repitió él.
—¿Con cuántos hombres me he acostado?
—Dímelo tú —su tono se volvió glacial—. ¿Con cuántos te has follado?
Parpadeé.
Esta no era la reacción que esperaba.
—Me diagnosticaron a