MARCO
El hedor me golpeó primero.
Arrugué la nariz con disgusto mientras entraba en la mazmorra.
Ha pasado más de una semana desde que este se convirtió en el nuevo hogar de Mariam, y una pequeña visita no haría daño.
Sus ojos ensangrentados se abrieron de par en par al verme. *“La mia prigioniera…”* mi voz de barítono resonó en toda la habitación.
—¿M… Maestro…?
—¿Te están tratando bien? —pregunté mientras tomaba asiento frente a ella.
—¿N… no has hecho ya suficiente?
Mis ojos recorrieron su c