MARCO
El video se reprodujo de nuevo en mi teléfono, con Dante de pie a mi lado, en silencio a excepción de algún gruñido ocasional de frustración.
Sentía que la sangre me hervía. —Alessandro… —masculló Dante con voz gélida—. Debió ver lo que pasó en el club.
No respondí. Mis ojos estaban clavados en el video, mi cuerpo temblando de rabia…
¡Su cara… sus manos… todo lleno de sangre! ¿Qué carajos le había hecho?
—¿Y si aprieta el gatillo, Marco? —Su voz sonaba quebrada, sus ojos casi llorosos. N