CASSANDRA
Mis manos buscaron una manta, temblando mientras el frío se me colaba por el cuerpo.
Pero solo había almohadas.
Acerqué una a mi pecho, hundiendo la cara en ella, y fue entonces cuando mis fosas nasales captaron ese aroma —masculino, embriagador—: Marco.
Abrí los ojos lentamente, con el cuerpo dolorido mientras asimilaba mi entorno.
Su habitación.
Él no estaba, y yo no llevaba ni bragas ni sujetador, solo su camisa colgando suelta por debajo de mi trasero.
Los recuerdos de la noche a