No tardaron en llegar a ese momento, cuando, en medio del juego, ella le había aventado un peluche a la cara. El rápido movimiento de brazos para atraparlo le generó un agudo quejido a Rosanna. Al enderezarse, la chica ya estaba con lágrimas en los ojos, incapaz de disimular por más tiempo el intenso dolor que experimentaba. Se encogió y su rostro se descompuso como si se quebrara desde dentro.
Violeta la miró fijamente, su expresión pasmándose al captar que algo estaba mal con su mamá. Ahí fue