Sergio detuvo sus intentos de alejarlo y lo miró fijamente, buscando alguna pista de que todo fuera una broma. Rubén solo lo llamaba de esa manera cuando algo realmente importante estaba en juego. Su apodo se remontaba a cuando era apenas un bebé; no podía pronunciar “Sergio” y empezó a decirle “Yeyo” a media lengua. A los adultos les pareció tan adorable que todos adoptaron ese sobrenombre, y ahora, incluso en el mundo mafioso lo conocían así.
Sergio notó que las pupilas de su amigo estaban di