Los asaltantes forcejearon con ella y la golpearon. Luego, uno de ellos se atrevió a pasar sus sucias manos por el cuerpo perfecto de su esposa, y eso encendió la furia de Rubén todavía más. Verla llorar, tan asustada, le rompía el corazón. Su deber era protegerla de todo daño, y por una estúpida discusión, la había dejado expuesta.
Le arrancaron el anillo del dedo y, cuando Rosanna intentó recuperarlo, este cayó al suelo y desapareció bajo el auto. En medio del caos, la golpearon otra vez. Ros