Mientras era buscada por cielo, mar y tierra, Rosanna descansaba en el departamento que Kamal rentaba para casos como ese: discreto, insulso, imposible de rastrear. El lugar no era nada del otro mundo, demasiado sencillo y ordinario para su gusto. Sin embargo, no se quejaba. Se había adueñado de la cama como una reina exiliada, disfrutando con un deleite casi enfermizo de sus primeros días de libertad.
Era una sensación novedosa para ella, pues nunca tuvo realmente la opción de escoger su propi