Era una muchacha preciosa, de eso no cabía duda. Fue la conclusión a la cual llegó Pablo al ver a Aikaterina en la puerta de su casa. No pudo evitar fijarse en los zapatos de tacón de la gemela para descubrir de quien se trataba. A pesar de haber pasado una mala noche, pensando en el misterio de Marize y las consecuencias de la lectura de las cartas realizada por Aileen la tarde anterior, no podía negar su buena suerte. Aunque la pintora rubia lo había puesto contra las cuerdas y la encarg