—Sergio, apártate.
Alejandro apartó a Sergio con un gesto firme. La ira que había mostrado antes parecía haberse desvanecido, y en su lugar, había recuperado su habitual actitud fría y altiva.
—¿Qué quieres? —preguntó con frialdad.
—¿Fuiste tú quien ordenó que me despidieran?
—Sí.
Alejandro la miró brevemente, con una indiferencia que la atravesó como una daga.
—Ya te lo respondí. Sergio, vámonos.
—Sí…
—¡Espera! —Luciana corrió unos pasos más y se interpuso frente a Alejandro, desesperada.
—¡Fue