Eso bastó; ella bajó la mirada y se quedó callada.
—Bien. —Le acarició el cabello corto—. Al coche. A casa.
El trayecto no fue tranquilo: el alcohol le revolvía el estómago y el ánimo.
Al llegar a la Villa Trébol, Alejandro la tomó en brazos.
—Señor Guzmán… —Patricia abrió la puerta y casi se atragantó al ver la escena.
—Está indispuesta. Prepara un té para la resaca y súbelo —indicó él, subiendo la escalera.
—E en seguida.
Patricia, perpleja, fue a la cocina. La niñera Elena asomó curiosa:
—¿Qu