—No bromeo —respondió Enzo, la voz lejana pero animada—. Ya no eres una niña. ¿Piensas quedarte soltera toda la vida?
—No es eso… —Luciana no era enemiga del matrimonio, pero tampoco lo consideraba indispensable—. Simplemente, no está en mis planes por ahora.
—Por eso mismo, conócelo. —Enzo no sonó impositivo—. Él va a trabajar ahí, no viaja sólo para verte. En Muonio no conoce a nadie; hazme el favor de echarle la mano, ¿sí?
Presentado así, Luciana no halló cómo negarse.
—Está bien. —Su tono ca