Simón se tensó un poco y contestó con sinceridad:
—Pues… estuvo bebiendo.
—¿Bebiendo?
Luciana lo repitió muy despacio, dejando entrever una marcada ironía.
Asintió con la cabeza y espetó:
—Entonces, señor Guzmán, no veo por qué seguir con el tratamiento. ¿Para qué tomar remedio?
Dicho esto, retiró su mano y se incorporó, dispuesta a marcharse.
—¡Oye!
Alejandro se sobresaltó. Se movió con rapidez y la sujetó de la muñeca.
—Me siento mal, ¿a dónde vas?
—¿A dónde crees? —respondió Luciana, esbozand