—Si te da miedo, puedes cerrar los ojos —le advirtió antes de clavar las agujas.
—No tengo miedo —contestó él, cerrando los párpados—. Pero así estarás más tranquila para trabajar.
—Sí. —Luciana sonrió, tomando con confianza cada aguja y colocándola en los puntos indicados.
Adrián, sorprendido, alzó una ceja.
—¿Ya… ya las pusiste?
—Sí, acabo de hacerlo.
—Vaya, no siento ninguna molestia. Creo que va a funcionar de maravilla.
—Ojalá sea así. —Luciana asintió—. Como es tu primera sesión, probaremo