Le lanzó una mirada a su madre, indicándole que no hiciera más escándalo. Clara, aunque a regañadientes, contuvo su furia.
Antes de irse, Alejandro miró a Fernando.
—¿Y tú, quién eres?
Ambos se miraron fijamente, y el aire se llenó de una tensión palpable.
Fernando frunció el ceño levemente.
—Fernando Domínguez. Soy amigo de Luciana.
Alejandro lo observó por unos segundos, hasta que lo recordó.
Ya se habían visto antes. Aquella noche en Pomacollo, en la cocina del hotel, cuando Fernando preparab