—¡Ricardo, tienes que explicarme qué significa esto!
Clara parecía una leona enfurecida, con cada célula de su cuerpo ardiendo en rabia.
—¿Explicarte qué? —Ricardo la miró con frialdad y no tuvo la menor cortesía al hablarle—. Más bien explícame tú, ¿cómo te atreves a reunirte con mi abogado a mis espaldas? ¡Vaya valor el tuyo, Clara!
—¿Que cómo me atrevo? —Clara temblaba de indignación—. ¡Aún soy tu esposa! ¡Y si no voy, ni me entero de que cambiaste tu testamento!
Acto seguido, se desató su ll