—No hay de qué. ¿Algo más que pueda hacer por usted, señor Morán?
—Sí, me queda un pendiente. —Alzó la bolsa que llevaba—. Vine a traerle sopa a mi hermano. Así que me voy volando.
—Claro, que le vaya bien.
Salvador subió al segundo piso, dejó la sopa y bajó casi de inmediato. Echó un vistazo al vestíbulo, pero no vio rastro de la chica. ¿Dónde estaría? ¿Ya se había ido? ¿Tan rápido? Tuvo la sensación de haber llegado tarde a algo importante. Caminó hasta el pasillo que llevaba al baño y, al dob